Portada: Los deleites de Dios y el amor — Amar a Dios no es solo imperativo: el amor de Dios transforma los afectos, enseña a tomar la cruz y abre el deleite mutuo en la santificación.
Estudios La gloria de Cristo

Los deleites de Dios y el amor

Amar a Dios no es solo imperativo: el amor de Dios transforma los afectos, enseña a tomar la cruz y abre el deleite mutuo en la santificación.

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza» (Deuteronomio 6:5).

Introducción: ¿cómo amar más a Dios?

Recuerdo que hace muchos años me hicieron una gran pregunta: ¿cómo puedo amar más a Dios?

Esa pregunta me ha tenido mucho tiempo pensando. En ese momento se me vino a la mente Deuteronomio 6:5 —amar al Señor con todo el corazón, el alma y las fuerzas— y, con él, el mandato que Jesús une al primero: amar al prójimo como a ti mismo (Levítico 19:18; Mateo 22:37-39).

Pero de aquí surge otra pregunta. Si bien esa respuesta es correcta, se halla del lado del «cómo» y del imperativo. Es decir, vamos hacia adelante con el pensamiento, por deducción. Si quisiera ir hacia atrás —por inducción—, la pregunta sería otra: ¿qué hay detrás del amar a Dios? ¿Existe una forma de amarle con sinceridad que no sea solo mandato de obediencia, sino un manantial del cual fluyen los ríos?

Este tema no es menor. Si el amor a Dios queda solo en deber, la obediencia puede volverse seca y el corazón quejoso. Por eso conviene mirar primero el amor de Dios mismo, que es la fuente de nuestro amor.

El estudio seguirá este orden:

  1. El amor de Dios: voluntad y afecto
  2. Recibir ese amor: morir a nuestros afectos
  3. Afectos transformados: el deleite mutuo

1. El amor de Dios: voluntad y afecto

Empecemos definiendo el amor de Dios, puesto que es la fuente de nuestro amor. J. I. Packer escribió lo siguiente en Hacia el conocimiento de Dios:

«El amor de Dios es un ejercicio de su bondad para con los pecadores individuales, por el cual, habiéndose identificado con el bienestar de los mismos, ha dado a su Hijo para que fuese su Salvador, y ahora los induce a conocerlo y gozarse en Él dentro de una relación basada en un pacto.»1

Como el amor es un ejercicio, es volitivo. Pero como su fuente surge de la bondad, es un afecto. Agreguemos algo que mencionó Louis Berkhof: «la bondad de Dios es el afecto que el Creador siente hacia sus criaturas conscientes como tales».2

Entonces, el amor verdadero es la voluntad del afecto de Dios y, a la vez, lleva a un ser moral a desear y deleitarse en ese otro. Es decir, «encuentra su gozo en impartirse al otro, y en recibir de vuelta el afecto de ese otro».3

2. Recibir ese amor: morir a nuestros afectos

Por lo cual, recibir el amor de Dios en nosotros significa que la voluntad de nuestros afectos estará en lucha constante con el afecto de Dios. Cuando Jesús dijo: «Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mateo 16:24), también estaba diciendo —en el fondo— que el que no muere a sus afectos y sigue el afecto de Dios no puede ser su discípulo.

No podemos pasar por alto el afecto, porque eso quiere decir que estaremos dejando a un costado el gozo. Y eso quiere decir que, aunque quizás seamos obedientes, una parte de nosotros estará quejándose; y nadie que en su corazón haya queja amará verdaderamente como Dios ama.

3. Afectos transformados: el deleite mutuo

Ahora, si nuestros afectos son transformados, desearemos a Dios y nos deleitaremos en Él. Es decir, encontraremos gozo en morir a nuestros afectos y encarnar la vida del Crucificado como discípulos fieles de Cristo.

Esto es crucial, porque la parte que da miedo es ese impartirse a Él. Pero a medida que va sucediendo —a medida que vamos muriendo a nuestros afectos y a nuestra voluntad intencionalmente—, vamos encontrando gozo en el deleite que Dios siente con nosotros por nuestra nueva forma de vivir.

Dios se goza en nuestro proceso de santificación, y eso es una fuente para retroalimentar nuestro deleite.

Conclusión: el amor que se enciende en el deleite

  1. Amar a Dios requiere morir a nuestros afectos, que día a día luchan contra los afectos de Dios.
  2. Esa lucha hará que el afecto de Dios comience a preponderar en nuestros afectos y prevalezca. Es decir, un día, en la eternidad, nuestro afecto será el afecto de Dios.
  3. Al recibir el afecto de Dios, nuestra voluntad será transformada por pura consecuencia lógica.
  4. La voluntad de Dios estará en nosotros, y nos estimulará a desearla y a deleitarnos en Él.
  5. El deseo y el deleite en Él hará que el amor de Dios que vamos recibiendo en nosotros crezca y se encienda como un motor retroalimentado por el gozo y el deleite que siente Dios mismo.

Espero que este artículo sea de edificación para ti y para tu iglesia. Que el Señor te enseñe a amar no solo por deber, sino desde el manantial de su propio amor.

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Este artículo es la Parte III de la serie La gloria de Cristo: el amor de Dios que transforma los afectos y abre el deleite mutuo. Si aún no leíste la Parte I, allí se contempla y notifica la gloria de Cristo en el evangelio; en la Parte II se plantea la lucha entre la codicia del pecado y la hermosura de Cristo.

¿Tienes alguna pregunta o experiencia que quieras compartir? Escríbeme por correo. Me encantaría saber cómo este tema resuena contigo.

Notas al pie

  1. J. I. Packer, Knowing God (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1993), p. 123 (cap. 12, «The Love of God»); ed. cast. Hacia el conocimiento de Dios. Texto original (inglés): «God’s love is an exercise of his goodness toward individual sinners whereby, having identified himself with their welfare, he has given his Son to be their Savior, and now brings them to know and enjoy him in a covenant relation.» El párrafo citado en el cuerpo sigue la traducción castellana del libro; cotejo del original inglés.

  2. Louis Berkhof, Systematic Theology (Grand Rapids: Eerdmans, 1939; reimpr. 1969), pp. 70–71. Texto original (inglés): «It is the affection which the Creator feels towards His sentient creatures as such.» CCEL: https://www.ccel.org/ccel/berkhof/systematictheology.iii.i.vii.html. El texto en el cuerpo es traducción libre al castellano, lo más fiel posible a ese original.

  3. James Orr, art. «Love», en James Hastings, ed., A Dictionary of the Bible. Texto original (inglés): «Love, generally, is that principle which leads one moral being to desire and delight in another, and reaches its highest form in that personal fellowship in which each lives in the life of the other, and finds his joy in imparting himself to the other, and in receiving back the outflow of that other’s affection unto himself.» Citado también en Packer, Knowing God, p. 125. El fragmento del cuerpo es traducción libre al castellano.