Portada: Tentación, prueba y disciplina: cómo afrontarlas en el Señor — Mateo 6:13: distinguir tentación, prueba y disciplina, y cómo responder a Satanás, a la prueba de Dios y a su corrección paternal.
Estudios La batalla espiritual

Tentación, prueba y disciplina: cómo afrontarlas en el Señor

Mateo 6:13: distinguir tentación, prueba y disciplina, y cómo responder a Satanás, a la prueba de Dios y a su corrección paternal.

«Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal» (Mateo 6:13).

Introducción: ¿por qué distinguir tentación, prueba y disciplina?

He estado meditando sobre la tentación por varios motivos. En principio, porque no estaba entendiendo la oración de Jesús cuando le pide al Padre: «no nos dejes caer en tentación» (Mateo 6:13). En vista de que Dios es un Padre bueno, entonces, ¿cómo puede tentarnos, si oramos precisamente eso?

Primero, Dios no tienta a nadie en el sentido de inducir a su pueblo al pecado.

Segundo, es necesario distinguir entre una tentación interna, que surge de nuestras inclinaciones pecaminosas, y una tentación externa, que viene de afuera. Por ejemplo, Jesús fue tentado externamente por Satanás, pero nunca internamente.

Tercero, el Catecismo de Heidelberg lo explica muy bien:1

«Dado que somos tan débiles que por nosotros mismos no podríamos subsistir un solo instante, y dado que nuestros enemigos mortales, como son: Satanás, el mundo y nuestra propia carne, nos hacen continua guerra, dígnate a sostenernos por la potencia de tu Espíritu Santo, para que podamos resistirles valerosamente, y no sucumbamos en este combate espiritual, hasta que logremos finalmente la victoria.»

Cuarto, Dios puede probar, pero nunca con un fin malévolo. Deuteronomio 8:1–5 lo muestra así:

  • Los mandamientos del Señor son para ponerlos por obra, para multiplicación.
  • Dios prueba para humillarnos, a fin de saber lo que hay en nuestro corazón.
  • Dios prueba para volvernos dependientes de él y renunciar a nuestra autosuficiencia.

Aquí la prueba va ligada a la disciplina: Dios puede incorporar disciplina en la prueba, y así sucedió en el paso por el desierto.

Esto no es un detalle de diccionario. Toca cómo oras, cómo lees lo que te está pasando y cómo respondes al Padre en medio de la guerra. El estudio seguirá este orden:

  1. Tentación, prueba y disciplina: las distinciones
  2. Cómo responder a la tentación que Satanás usa: orar, huir, enfrentar
  3. Cómo responder a la prueba que Dios usa: gozo y humildad
  4. Cómo responder a la disciplina de Dios: quebrantamiento y gratitud

1. Tentación, prueba y disciplina: las distinciones

Una tentación interna es un impulso o deseo de hacer algo que sabemos que está mal. Este impulso puede ser agravado cuando Satanás nos incita a pecar: aquí se sumaría a la tentación interna la tentación externa de parte de Satanás (también llamada tentación externa usada por Satanás). El enfoque de Satanás en la tentación que él usa es destruirnos.

La prueba —o tentación externa usada por Dios— es un desafío permitido por Dios para probar nuestra fe, alcanzar paciencia y ser completos (Santiago 1:2–4). Ser probados más allá de nuestras fuerzas (2 Corintios 1:8) a fin de conocer nuestro débil estado espiritual y volvernos más dependientes de Dios (2 Corintios 1:9), además de conocer mejor a Dios: «De oídas había oído de Ti, mas ahora mi ojo te ve» (Job 42:5).

En tanto, la disciplina es una corrección y formación que Dios nos hace trabajar para erradicar un pecado o desobediencia a fin de crecer en la santidad. Es un ejercicio continuo, profundo y doloroso —porque involucra morir a uno mismo, a nuestros deseos y afectos— a fin de dar fruto apacible de justicia (Hebreos 12:5–11). El Padre actúa de forma amorosa corrigiéndonos para nuestro bien, a fin de que lleguemos a la imagen y estatura de Cristo, y un día disfrutemos en su gloria, en su plenitud.

Resumiendo: una tentación interna es cuando somos tentados debido a nuestra propia naturaleza pecaminosa que nos incita a pecar. La tentación externa usada por Satanás, generalmente, se une a nuestra concupiscencia para potenciar la tentación y destruirnos. La tentación externa usada por Dios es para que conozcamos nuestro débil estado espiritual, renunciemos a la autosuficiencia y conozcamos más plenamente a Dios. Y, finalmente, la disciplina es una corrección de parte de Dios que viene a causa de un pecado que es necesario erradicar para seguir creciendo en santidad, a fin de dar fruto apacible de justicia.

2. Cómo responder a la tentación que Satanás usa: orar, huir, enfrentar

Orar y velar

Los discípulos se sentían confiados aun cuando el peligro estaba a la vuelta de la esquina. Fue entonces que el Señor dio esta advertencia en Mateo 26:41, Marcos 14:38 y Lucas 22:46:

«Velen y oren para que no entren en tentación» (Mateo 26:41).

Cada discípulo de Cristo necesita la misma advertencia. También nos enseñó a orar pidiendo a Dios que no nos deje caer en tentación: suplicando por su cuidado en medio de las pruebas difíciles, como decíamos más arriba.

Huir y buscar ayuda en la iglesia

Existen situaciones en las que es conveniente huir de la tentación, como dice 2 Timoteo 2:22:

«Huye, pues, de las pasiones juveniles.»

En este caso se refiere a las tentaciones internas, propias de nuestra naturaleza pecaminosa. Es decir, debemos evitar los lugares donde sabemos que podemos ser tentados debido a nuestra concupiscencia.

Un caso ilustrativo es el de José, cuando fue acechado por la esposa de Potifar, quien intentó tener relaciones sexuales con él. José podría haber evitado estar solo con ella —por ello se le insinuó— si hubiera sido más prudente. Quizás él estaba confiado en que no caería en ese pecado y ni siquiera lo pensaba. Es decir, tal vez no consideraba esas tentaciones internas como algo que necesitara su atención. Sin embargo, cuando ella lo acechó, José salió huyendo.

¿Por qué salió huyendo? Porque se dio cuenta de que estaba siendo tentado internamente y no tenía las armas para enfrentar la situación y vencerla. La única forma de vencer era huir para mantener su santidad.

Enfrentarlo con toda la armadura de Dios

La alternativa a huir es enfrentar (Efesios 6). Satanás es observador, conoce nuestras debilidades, sabe dónde podemos caer y buscará que la tentación se enlace con ellas. Desea nuestra destrucción y nos incitará con tentaciones verdaderamente difíciles, como lo fue con Eva cuando le acechó la serpiente, con Pedro cuando fue inducido a negar a Cristo por miedo, o con José cuando la esposa de Potifar intentó seducirlo.

En estos casos debemos usar la armadura de la fe, como lo hizo Jesús en el desierto. Es importante destacar que enfrentar a Satanás no significa dialogar con él, como lo hicieron Eva o el mismo Pedro.

Existen lugares que pueden ser evitados —decisión: huir—, pero hay otros donde no podemos evitar estar porque estamos en el lugar correcto, y Satanás viene a enfrentarnos allí —decisión: usar la armadura—. Jesús mencionó la Palabra de Dios y la interpretó correctamente. Satanás conoce la Biblia y la entiende mejor que cualquier creyente; la diferencia radica en la interpretación. Si interpretamos correctamente, como lo hizo Jesús, la Palabra será una espada que atravesará a Satanás y tendrá que alejarse de nosotros. Si no interpretamos correctamente, como en el caso de Eva, la Palabra no tendrá el poder de atravesar a Satanás, y caeremos presa de sus engaños, porque él la conoce mejor que nosotros.

3. Cómo responder a la prueba que Dios usa: gozo y humildad

Gozo

Santiago 1:2–5 nos enseña que debemos responder con gozo ante las pruebas; y si no entendemos para qué estamos siendo probados, debemos pedir sabiduría a fin de comprender el propósito de Dios detrás de la prueba: qué está haciendo y qué quiere que aprendamos y mejoremos.

Renovación del entendimiento y del carácter

¿Nos falta fe? ¿Nos falta paciencia? ¿Debemos crecer en carácter? ¿Debemos renunciar a nuestra autosuficiencia y volvernos más dependientes de Dios? En el caso de José, su prueba fue para forjar carácter y preservar una nación.

Profundizar en la gloria de Dios

Luego de que Job fuese probado, exclamó: «De oídas había oído de Ti, mas ahora mi ojo te ve» (Job 42:5). Lamentablemente nos cuesta mucho profundizar en las riquezas de la gloria de Dios a menos que seamos probados y veamos facetas que antes nos eran ocultas. Además, es en la prueba que nos volvemos más reflexivos y tratamos de entender mejor a Dios en relación con nosotros. Parece doloroso al principio, pero después la recompensa es tener una visión más amplia de su gloria.

Humillarnos

Luego de esas palabras, Job agregó: «Por eso me retracto, y me arrepiento en polvo y ceniza» (Job 42:6). La única forma de que Cristo sea glorificado es que nos humillemos. Como bien dijo Juan el Bautista: «Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya» (Juan 3:30). No hay nada más sublime que su gloria; pero para ello es necesario comprender nuestra naturaleza, para relacionarnos adecuadamente con el Creador, el Soberano, ante quien los ángeles exclaman: Santo, Santo, Santo (Isaías 6:3).

4. Cómo responder a la disciplina de Dios: quebrantamiento y gratitud

Reconocerla como amorosa y provechosa

Reconocer y aceptar que la disciplina de Dios es en amor, sabia y provechosa. Hebreos 12:11 afirma:

«Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que han sido ejercitados por medio de ella.»

Autoevaluación

La disciplina de Dios tiene por objeto extirpar el pecado de nosotros. Por tal motivo, es necesario revisar si existe un pecado que esté estorbando nuestro crecimiento y santificación. Ciertas veces pareciera que entramos en un estancamiento, porque la lucha empieza a ser diaria, y una tras otra vez somos vencidos. Es como si avanzáramos para ningún lado y el tiempo se nos escurriera de las manos. Pero no es así: es lo contrario. Estamos siendo disciplinados para que en el futuro lleguemos a la meta.

Quebrantamiento

Como bien ha dicho Paul Washer en varias ocasiones, un hombre de Dios tiene que estar partido en mil pedazos. Y la disciplina de Dios es el espacio dispuesto y propicio para ello. Hay veces que pareciera ser suficiente con humillarse y confesar los pecados con un pastor dentro de la iglesia. Pero en muchas ocasiones no será así: sí habrá que batallar en oración delante de Dios, con súplicas, con ruegos, en adoración, con canciones de alabanza, con meditación, con estudio de la Palabra, y más oración.

Qué lindos recuerdos de estar a solas con Dios en silencio, delante de su presencia, expuestos y vulnerables, delante de su santidad, donde reconoces sinceramente que debieras ser condenado y solo Cristo puede salvarte. Sí, eres pecador y aún resta que sigas muriendo a tus debilidades para que Cristo sea formado en ti.

Gratitud

Es necesario que el punto anterior sea procesado con un corazón agradecido, lleno de contentamiento. Debemos darle gracias a Dios porque estamos en las manos del mejor alfarero y vamos a alcanzar su propósito. Cuando el hijo pródigo vino delante del Padre después de haber pecado, vino quebrantado y lleno de gratitud. No se pueden disociar estos términos. El hijo pródigo vino reconociendo que se había perdido y que el Padre era bueno. El abrazo del Padre con el hijo es el momento que une los dos procesos y procede a la restauración.

Recordatorio: Dios usa las pruebas y la disciplina para nuestro bien; como un Padre amoroso, quiere lo mejor para sus hijos.

Conclusión: velar, gozo y gratitud

Debemos estar alertas, velando en todo tiempo, rogando al Señor para no caer en tentación. Las pruebas vendrán, pero para que el diablo no nos destruya o nos ensucie la mente, debemos mantenernos velando, usar la armadura y echarlo fuera cuando pretenda entrometerse. Con el diablo no se dialoga.

Debemos aceptar la prueba de parte de Dios con gozo, sabiendo que la prueba de nuestra fe produce paciencia y la paciencia hace que seamos completos (Santiago 1:2–4). Si nos cuesta entenderlo, es necesario pedirle a Dios sabiduría para que nos revele su consejo en el plan que está ejecutando, así como le fue revelado a José en Génesis 45:7.

Debemos aceptar la disciplina de Dios con humildad y gratitud, sabiendo que produce fruto de justicia y nos conduce por el crecimiento espiritual (Hebreos 12:5–7).

Continúa explorando esta serie

Este artículo es la Parte I de la serie La batalla espiritual: tentación, prueba y disciplina. En la parte siguiente se profundizará en la crucifixión del viejo hombre y la libertad del dominio del pecado.

¿Tienes alguna pregunta o experiencia que quieras compartir? Escríbeme por correo. Me encantaría saber cómo este tema resuena contigo.

Que el Señor te sostenga por su Espíritu, te enseñe a velar y te haga ver su mano de Padre en la prueba y en la disciplina.

Notas al pie

  1. Catecismo de Heidelberg, Pregunta y Respuesta 127 (1563), sexta petición del Padrenuestro. El autor cotejó una edición castellana en p. 58. Texto castellano habitual de la respuesta: «dado que nosotros mismos no podríamos subsistir un solo instante, y dado que nuestros enemigos mortales, como son: Satanás, el mundo y nuestra propia carne, nos hacen continua guerra…». El párrafo citado en el cuerpo sigue esa redacción, libre y fiel a la P/R 127.